Cuando ando volando muy alto y mi mente pierde su órbita exacta, Tú siempre vienes a enseñarme qué cosas pequeñas son las que bastan; que aún quedan ojos transparentes donde Dios se atreve a mirarnos; que la vida de por sí es muy frágil, que por tonterías no me alarme. Has llenado mi vida de música y por mucho no me dejas atrás. ¿Por qué cuando ya no me nace cantar, su silencio es una gran canción, llenando de notas cada rincón, volviendo a activar mi corazón? Contigo puedo tocar mi impotencia y mis rodillas doblar pidiéndole al Dios verdadero misericordia y piedad. Me haces recordar cuán humano yo soy, no sabes cómo te agradezco. Me has enseñado a soñar con mis pies en el suelo bien puestos.
Dios te ha usado sacando de mí la vergüenza, pues contigo no hay apariencias que guardar, al contrario le has puesto a nuestras vidas sal. No me da pena decirlo. Es un grito de júbilo: tengo un niño especial, tengo un niño especial.
Pareces tan frágil y, sin embargo, a todos nos llenas de fuerza. Lo poco que dice tu boca es un discurso que todos celebran. Lloramos, es cierto, pero al final hasta el dolor tiene otra cara. Vencemos al tiempo cada segundo, nos has mostrado otro mundo. Tu pequeño cerebro hizo al mío pensar y tus carencias me enseñan a dar. Si el cielo es de los pequeñitos hay un pedazo de cielo en mi hogar. Y aunque es cierto que muchos no lo comprendan. ¿Que le hace? ¡Total no se puede explicar! Dios nos ha dado un honor y tú eres su embajador.
Dios te ha usado sacando de mí la vergüenza, pues contigo no hay apariencias que guardar. Al contrario le has puesto a nuestra vida sal. No me da pena decirlo. Es un grito de júbilo: Tengo un niño especial, Tengo un niño especial Tengo un niño especial, Tengo un niño especial, Tengo un niño especial.